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Efemérides


1875.
Nace en Buenos Aires Manuel Ugarte , político, poeta y escritor fundador del periódico La Patria , infatigable luchador por la unidad latinoamericana y embajador argentino en México, en 1946, que  escribió más de cuarenta libros.

Manuel Ugarte. Un argentino maldito | Norberto Galasso



2012. Fallece en Buenos Aires Eduardo Dayan, escritor y docente argentino, autor de El casamiento de la princesa

UNA REFLEXIÓN SOBRE EL ACTO DE CREAR

Narrativa extranjera. Duranti elige el género fantástico para una novela sobre la invención artística y el rencor del protagonista como eje. Por Betina González

Saltar al vacío, incendiarlo todo, crear un mundo. Son algunas de las metáforas que traducen el gesto de sentarse a escribir una novela. No hace falta hablarle a la tradición para hacerlo. Es un impulso. No necesariamente convoca la ansiedad de la influencia. Escribir es entrar en diálogo con los que antes han escrito y ahora se convocan, fantasmas inevitables de la página en blanco. Ese vértigo de la invención, que es la pulsión primera del novelista, está en el corazón de La casa del lago de la luna , de Francesca Duranti.

Su protagonista es Fabrizio Garrone, un joven de una familia noble empobrecida, traductor de obras alemanas del siglo XIX y poco inclinado al compromiso amoroso. Su vida, marcada por una "desolada sensación de exclusión", cambia cuando encuentra un documento que afirma la existencia de la obra maestra de un escritor austríaco, Fritz Oberhofer. Obsesionado por traducir esa novela - La casa del lago de la luna -, Garrone sigue los pasos de ese autor olvidado para escribir, también, su biografía. Tal es su obsesión que, cuando se enfrenta con la falta de datos o documentos, empieza a inventarlos. En este punto, la novela de Duranti abandona lo que podría haber sido una trama previsible, centrada en referencias literarias o juegos metaficcionales ya muy transitados (el traductor que traiciona la obra original, el escritor de culto y su club de entendidos, etc.), para lanzarse por un pasadizo fantástico. Como conviene a ese género, varios planos y varias lógicas se interceptan, confunden y divierten. No es fácil escribir una novela sobre el tema de la invención artística y Duranti logra hacerlo con una historia en la que la puesta en intriga no está ligada tanto a lo que se cuenta sino al resentimiento que mueve a su protagonista. Es Garrone el que debe sostener el misterio con su amor poco convincente por Fulvia, su queja constante por el lugar que le ha tocado en el mapa del dinero y el prestigio de Milán, su total indiferencia por otra cosa que no sea su pequeño momento de fama. Y quizás es este personaje tan bien recortado el que a veces dificulta la lectura. Es odioso y anodino. Solo se alimenta de la autocompasión, un sentimiento que absorbe "con gran empeño, dejándose compenetrar por entero, como si se tratase de un ejercicio respiratorio del alma". Así, dando tumbos por la trama, clasificando a las mujeres de insoportables, siempre entendiéndolas entre los dos polos de la obviedad masculina (o son un "gusano elegante y egoísta como su madre" o una "puntita enamorada de sus propias virtudes como Fulvia"), Garrone quedará entrampado en el estereotipo que representa. Barajar a este personaje con un enigma libresco resulta, por momentos, algo pesado. Pero, gracias al giro fantástico, La casa del lago de la luna logra una reflexión sobre cómo el acto de crear, al acercarnos (como tantos poetas quisieron) al poder de la divinidad, también puede hundirnos en un abismo que nos aleje definitivamente de la vida.